A medida que va pasando el tiempo y sumamos a nuestras vidas experiencias, nos podemos dar cuenta de que lo necesario para que alguien esté presente, quiera y alimente es sencillamente el querer hacerlo… y son esas ganas las que marcan la diferencia en los resultados.

Las intenciones reales siempre van seguidas de acciones que se concretan, que se sienten, que se pueden inclusive medir, mientras que las falsas son aquellas que se escudan en excusas, que se tornan rutinarias, que cansan, que apagan… Y la verdad es que no vale la pena invertir el tiempo en quien siempre tiene una excusa nueva que inventar.

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Nuestro tiempo es lo más valioso que tenemos y por ende lo más preciado que podemos darle a alguien, es por ello que resulta tan crítico e inclusive tan cargado de mala intención la falta de honestidad de muchos al no poder sincerarse y simplemente asumir que no quieren estar.

El estar debe ser algo que nazca, no que se imponga, pero no ser honestos con quien alberga una esperanza en compartir algo con nosotros y hacerles perder su tiempo y sus energías, es cobardía, es burla, es egoísmo… Normalmente no es algo diferente a: mejor no cierro por completo esta puerta, por si en algún momento sí quisiese entrar o si cierro esta puerta que no quiero cruzar, dejaré de recibir ciertos beneficios o sencillamente qué divertido es dar tan solo un poco aquí y allá y recibir mucha atención desde muchos focos, sin mayores esfuerzos.

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Todas estas actitudes son muy humanas, pero definitivamente no demuestra lo mejor que podemos ser… sino corresponden a la parte oscura vinculada a un ego que no ve más allá de sí mismo y de sus necesidades.

Es por ello que la gente que no anda en medias tintas resulta tan valiosa. Esas personas que dicen presente, que se esfuerzan, que procuran, que nos llenan de detalles la vida, son las que debemos mantener cerca, las que se merecen lo mejor de lo que tenemos para ofrecer, al fin y al cabo a esas personas les sobran las ganas para con nosotros, nos ganamos un lugar especial para ellas en donde no hay excusas, donde no hay dudas y esto no merece nada diferente que nuestro reconocimiento y nuestras retribución… Porque amor, con amor se paga…

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet – Perlas para el Alma

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