Los abusos infantiles en su mayoría vienen de quienes menos lo imaginamos

Los abusos infantiles en su mayoría vienen de quienes menos lo imaginamos

Trataré de ser lo más objetiva posible para abordar este tema, ya que es un punto sensible para mí por la poca comprensión y empatía que puedo desarrollar hacia quienes tienen la capacidad de aprovecharse de la inocencia de un pequeño.

Debemos ver a quienes cometen cualquier tipo de abusos infantiles como lo que son, personas enfermas que no saben determinar los límites y consecuencias de sus actos. Personas que probablemente hayan sido heridas emocionalmente, no necesariamente abusadas, durante sus infancias y que tratan de encajar en un esquema, pero no cuentan con las herramientas personales para llevar sus vidas sin hacerles daño a otros.

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Por abuso, entendemos cualquier tipo de daño físico o psicológico perpetuado por una persona con cierta ventaja real o aparente en cuanto a posición de poder y control. El abuso hacia los niños generalmente es ejecutado por adultos y en otra buena cantidad de casos por adolescentes.

Centrándonos en el tipo de abuso sexual que genera daños físicos y psicológicos irreparables, sí bien es cierto que pueden ser perpetrados por cualquier persona, la mayoría de los casos están asociados a personas cercanas al niño: cuidadores, maestros, personal de servicio, choferes, vecinos, padrastros y en uno de los peores casos a los padres.

No se trata de buscar culpables a una situación, porque una vez el daño haya sido generado, el camino será muy arduo para todos los involucrados, especialmente para el niño y para sus padres, en el caso de que no estén directamente relacionados al abuso. Se trata de crear consciencia para evitar este tipo de situaciones.

Un pedófilo, persona mayor de 16 años, que siente excitación y estimulación sexual a través de imágenes, relatos, interacción o ejecución de actividades sexuales con niños, aunque pueden tener muchas presentaciones, no lleva un cartel en su frente indicando sus preferencias, normalmente se muestra como una persona aparentemente normal, incluso su fachada puede coincidir con el perfil de quien jamás podría cometer un acto abusivo en contra de un niño.

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Su bajo perfil normalmente le da acceso a una interacción frecuente y despreocupada con los niños, lo cual los hace presa fácil de cualquier agresión.

El pedófilo se caracteriza por tener una baja autoestima, con limitaciones para interactuar de manera adecuada con alguien acorde a su edad y buscará a través de su contacto con niños: satisfacción sexual, subir su autoestima con posición de control, venganza (en caso de haber sido víctima de abuso) y en algunos casos enamoramiento de la víctima.

Lamentablemente no podemos meter a cada niño en una cápsula para protegerlos de cualquier daño, pero sí podemos tomar algunas medidas:

  • Estar conscientes de que cualquiera puede perpetrar abuso hacia el niño, especialmente los más allegados.
  • Procurar no dejar solo al niño con un cuidador.
  • Hablar con el niño en relación al abuso en cualquiera de sus formas, adaptando el diálogo a la edad, pero comprobando que el mensaje le ha llegado.
  • Darle a conocer los alcances de su cuerpo y los límites que los demás deben mantener, quien lo baña, quien lo toca, hasta dónde, cómo, cuáles son sus zonas íntimas y hacerle entender cuándo algo se sale de lo normal.
  • Darles pautas en relación a qué hacer en caso de una situación de abuso potencial.
  • Prestarle atención a la intuición.
  • Escuchar al niño y creer en sus palabras, sin mostrar ningún vestigio de duda, muchas veces los abusadores tienen acciones previas, antes de cometer un abuso sexual como tal y cualquier detalle debe prender nuestras alarmas.
  • Estar atento al niño, su ropa interior, marcas en su cuerpo, llantos repentinos, negación por ir a un lugar, rechazo inesperado hacia alguien, rabia repentina inusual, reacciones diferentes al bañarlo o acercarnos a ellos.

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Si lamentablemente estamos frente a un caso de abuso consumado, debemos prestarle todo el apoyo moral y psicológico al niño, jamás dudar de su palabra, nunca hacerlo sentir culpable, ni siquiera en términos de: no te dije que si alguien…, nada. El niño a partir de ese momento es un vaso de cristal roto, con una herida difícilmente se borrará, por lo que sus responsables debemos brindar el mejor apoyo, buscando ayuda de especialistas que se encarguen de las lesiones físicas y psicológicas.

En cuanto al agresor, denunciar de una vez ante las autoridades competentes, es un proceso muy doloroso, pero necesario, podemos evitar el incremento del número de víctimas y de alguna manera en algún momento para el niño, le será más sencillo asimilar que el mal que le causaron no quedó impune.

Como responsables de esos seres inocentes, actuemos con sentido común y con el más grande amor, bien sea para evitarles daños o para ayudarles a repararlos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet


Sara Espejo

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