Toda la semana que pasó, estuve acondicionando junto con mi hijo de 7 años los juguetes que ya estaban en desuso, para regalárselos a una niñita muy especial, su hermana por parte de papá, que mañana cumplirá un año. La verdad es que me siento como si mi mundo entero se hubiese movido de golpe, estoy tan sacudida por dentro, llena de nostalgia, de recuerdos, de agradecimiento, pero lo que predomina en mí son unas ganas enormes de pausar el tiempo, de ir más despacio, de no perderme de nada…

Seleccionando los juguetes, se venían a mi mente muchos recuerdos, muchos juegos, muchos momentos con mi hijo, que no volverán, le preguntaba si quería que regalásemos alguno en particular, que en algún momento había sido su preferido y con naturalidad me respondía que sí. En mi interior tenía sentimientos encontrados, sentía admiración por su desapego, pero a la vez ganas de quedarme yo con esos juguetes que él ahora veía con desprendimiento. No perdí la oportunidad de armar un último escenario de juego, con nuestros juguetes preferidos, mientras sentía el corazón chiquitico.

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Evidentemente para él no era una despedida, porque en su otro hogar, seguirá haciendo uso de ellos, tendrá nuevas experiencias con esos mismos juguetes que tanto nos entretuvieron… Y me pregunto en medio de mi maremágnum de sentimientos: ¿ese “tanto”, fue realmente tal?, ¿jugamos lo suficiente?, ¿fueron más las veces que compartí con él sus aventuras, nuestros escenarios, la creatividad, la interpretación de personajes… o por el contrario, resultaron mayores los: “ahora no puedo”, “más tarde jugamos”, “juega tú y yo te alcanzo ahora”, “estoy trabajando”…

No lo podría medir, solo sé que quisiera multiplicar esos momentos de juegos, de esas carcajadas, de esa carita con esa mirada inocente, de esa emoción ante una sesión de juego o un cuento que para el momento no podía leer por sí mismo… Aún está pequeño, aun me queda mucho por compartir con él, pero cada vez serán cosas diferentes las que él quiera compartir conmigo e inclusive puede llegar el momento en el que yo esté en las últimas posiciones de su lista de preferencias.

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No me sirve de mucho adelantarme a los escenarios, pero sin duda, me parece de utilidad el hacerme consciente de que el tiempo vuela, que ya ese bebé, solo será bebé ante mis ojos, que los momentos no se repiten, que las oportunidades pasan y que la infancia, esa época tan hermosa, tan única, tan especial pasa excesivamente rápido. Los cambios se dan de forma abrupta y como padre solo te queda estar allí el mayor tiempo que puedas, consciente, agradecido, conectado con el momento presente, dando lo mejor de ti y procurando sembrar todo el amor y la ilusión que te sea posible.

Abraza a tus hijos, ámalos, cárgalos, consiéntelos, hazle saber lo importantes que son, lo feliz que hacen tu vida, todo lo bueno que deseas para ellos. Procura no perder de vista tus prioridades y dale siempre la importancia y la atención que tus hijos se merecen, porque un juego postergado no lo recuperarás nunca y cuando menos lo pienses, aunque ya tengas las ganas, las fuerzas y el tiempo, ya ese niñito se habrá convertido en un niño mayor, en un adolescente, en un hombre y sus prioridades serán otras.

No puedo detener el tiempo, menos echar marcha atrás, pero sí puedo decidir qué hacer con lo que me queda por compartir con mi hijo, a quien hoy después de mucho tiempo de no hacerlo le dejé una notita en su lonchera, como solía hacerlo antes de que supiera leer, diciéndole cuanto lo amo, que es mi persona preferida en el mundo y que le deseo buen provecho. Los detalles que encierran amor, no deben perderse.

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Aprecia el momento presente, mucho de lo que hoy te irrita, mañana lo extrañarás, mira lo importante debajo del desorden, escucha las risas detrás del ruido del balón rebotando, agradece la posibilidad de ver a quien tanto amas, haciendo tantas cosas por primera vez, siéntete feliz de poder estar allí y no dejes de vivirlo.

Mira a tus hijos como crecen… En paralelo, tú no te estás haciendo más joven, aprovecha el tiempo y procura dedicar su mayoría a lo que realmente amas, posterga o mejor elimina, lo que no te haga feliz, permítele a quien esté a tu lado ser como quiera sin pretender cambiarlo, si no te resulta así, solo apártate, pero no te desgastes,  acepta que no puedes controlarlo todo y que es perfecto que sea así. Disfruta la vida y de tus amores, hoy, ahora, en este preciso momento, porque no hay nada más.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet – Perlas para el Alma

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