El perdón es la herramienta de liberación que tenemos todos los seres humanos, pero que no todos sabemos aprovechar. Muchas veces pensamos que al no perdonar de alguna manera mantenemos en deuda a quien nos ha lastimado, pero lo triste es que el único notificado de esa cuenta es uno mismo.

El perdón no es el un reconocimiento de que no hemos resultado heridos producto de las acciones u omisiones de alguien o de nosotros mismos, tampoco debe representar que las relaciones deberán continuar como si el dolor no hubiese sido generado, menos aún es la autorización para que nos lastimen nuevamente.

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El perdón es la decisión que parte de lo más profundo de nuestro ser, de permitir soltar aquello a lo cual le hemos dado el poder de seguirnos afectando más allá del agravio original. Ciertamente las decepciones pueden ser muy fuertes, el hecho de resultar heridos, especialmente por quienes contaban con nuestra confianza y afecto, nos puede generar un profundo dolor que podríamos no saber manejar.

Afortunadamente podemos seguir adelante y solo nosotros decidimos cómo queremos hacerlo, si con una carga a cuestas o con mayores herramientas, recursos y experiencias que nos hagan el camino más llevadero. Nadie puede perdonar por nosotros, solo cada uno tiene el poder de hacerlo, más allá de las palabras, sino partiendo desde el corazón.

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Saquemos nuestra nobleza a relucir, aprendamos a comprender lo que en un momento no fue digerible, a fin de cuentas todos estamos acá cometiendo errores continuamente y si les sacamos provecho, pues nos quedará la lección. Todos podemos haber lastimado a alguien y unas disculpas u otras acciones de mayor envergadura pueden no ser suficientes para resarcir el daño, dependerá de quien haya sido afectado los efectos que se sigan generando en su interior.

La vida como la conocemos es corta, pero si aprendemos a mirarla con detenimiento, podremos ver que la bondad impera sobre la maldad y que las acciones hirientes corresponden más a egoísmos que a malos sentimientos, los cuales pueden tener una raíz profunda que aligere de culpa a quien las cometa.

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No vinimos acá a ser jueces de las acciones de otros, tampoco hemos venido a ser víctimas de alguien, menos de nosotros mismos, así que miremos más allá de nuestro ego y entendamos que otorgar un perdón es un gesto de nobleza, especialmente en lo que a nosotros mismos se refiere.

Hagamos el bien, que el universo se encarga de poner cada cosa en su lugar, la venganza, el rencor, la amargura que atrae consigo cualquier herida solo será disipado a través del perdón… no importa si el otro lo merece o no… pensemos sencillamente, que nosotros lo necesitamos.

Imágenes cortesía de: Audrey Kawasaki

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

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