Ciertamente hay muchas parejas que pueden afirmar que ellos no tuvieron que hacer mucho para lograr acoplarse, ni adaptarse el uno al otro. Sin embargo, la mayoría de quienes vivimos una relación de pareja podemos dar fe de que engranarse a alguien, aun cuando nos guste, queramos e inclusive amemos, puede resultar bastante complicado.

Podemos decir que las relaciones se pueden abordar desde dos enfoques:

Vamos a ver si funciona

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Bajo este escenario estamos dejando la responsabilidad a cualquier otro elemento o persona, antes de hacerlo sobre nosotros mismos. Es una posición cómoda que nos hace reactivos o hasta espectadores de nuestra relación. Evidentemente mientras menos alcance sintamos que tienen nuestras acciones y decisiones, menos control tendremos sobre los resultados. Si las cosas van bien o mal, difícilmente podremos atribuirnos el crédito ante esta pasiva actitud.

Vamos a hacer que funcione

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Acá estamos expresando un nivel de compromiso superior, en donde creemos que lo que pasa en la relación es nuestra responsabilidad, que lo que fomentemos y sembremos, de alguna manera lo cosecharemos. Se asume que es la proactividad la que marcará la diferencia en los resultados obtenidos. El pensar que nosotros creamos día a día el vínculo que tenemos, nos hace ser más conscientes de lo que hacemos y ofrecemos.

No es difícil concluir que quienes asumen sus relaciones desde el enfoque de: “Vamos a hacer que funcione”, llevan una gran ventaja, teniendo la capacidad de corregir errores, aportar lo necesario y crecer con mucha más facilidad de quienes asumen la postura de la hoja llevada por el viento.

El amor se construye día a día, detalle a detalle, esfuerzo tras esfuerzo, mientras las ganas y la disposición estén presentes, podemos dar de nosotros lo mejor, procurando que el nexo que formamos sea sólido, firme y que no sea ningún factor externo lo que lo haga derribarse.

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Debemos aprender inclusive a ceder, a callar, a esperar…  Debemos ser pacientes, enfocarnos en esas cosas que nos maravillaron, debemos decir lo que sentimos lo bueno sin filtro, sin miedo a alimentar egos, sin reservas, lo negativo, con tacto, con cautela, de manera oportuna. A veces no es lo que decimos, sino el tono en el cual lo decimos.

Las relaciones son una gran fuente  de aprendizaje si dejamos los egos a un lado y no queremos tornarlas una constante lucha de poderes. El crecer en pareja es altamente gratificante, pero aun cuando mucho de ese aprendizaje sea por ensayo y error, existe otro porcentaje que se genera a consciencia, sabiendo que cada una de nuestras acciones tiene una consecuencia y que nuestra relación no se escapa de esa realidad.

Construye día a día el amor que quieres y no lo dejes al azar, si quieres que funcione, ¡Haz que funcione!

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