Aún con mi armadura sigo siendo una princesa

Aún con mi armadura sigo siendo una princesa

Las experiencias de la vida muchas veces nos hacen tomar nuestra armadura y salir a luchar por lo que queremos, por mantener algo propio, por mantenernos a flote o simplemente por mantenernos con vida. Y en todos los casos esa armadura está hecha de lo que nos hace valerosas, de lo que nos ha hecho crecer, de lo que capa a capa se ha formado sobre nuestros corazones para protegernos de las cosas negativas que nos ocurren.

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Todo esto es parte del sentido de supervivencia de la vida, donde por voluntad propia, por adaptación o a la fuerza, esas armaduras forman parte de nosotros. En diferentes escalas la vida resulta en una lucha y como toda lucha la protección se hace necesaria. Sin embargo, debemos establecer límites para que esas armaduras no nos protejan tanto que desvirtúen lo que en esencia somos o que se hagan tan poderosas que nos aíslen del mundo en forma de jaulas.

¿Por qué es importante retirarnos nuestras armaduras periódicamente?

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Porque la mirada a través de las armaduras se distorsiona, especialmente a los ojos de quien quiere ofrecernos su afecto, su amor e inclusive su protección. Dejar rasgar nuestra armadura nos permite liberar nuestra esencia sin posiciones armadas o predispuestas.

Porque la fragilidad muchas veces enamora, una persona muy dura, muy autosuficiente, que nada la afecte aparentemente o realmente, por lo general le cuesta atraer a personas a ella, bien sea porque la consideran insensible, inalcanzable o sencillamente no se sienten que puedan aportar nada valioso.

Porque dentro de una armadura se deja de vivir, solo se sobrevive dentro de ellas, pero por protegernos de los peligros que asechan, nos condenamos a perdernos las maravillas de la vida, nuestra coraza impide que nos movamos libremente y si bien nos protege de lo negativo también nos aísla de lo positivo.

Porque las heridas no se curan bajo la armadura, las heridas no se deben cubrir de forma excesiva, hay que protegerlas, pero dejándolas cicatrizar y eso no ocurrirá con la armadura puesta, en este caso las heridas se sentirán más.

Porque todo es transitorio y circunstancial, todos pasamos por momentos alegres y por momentos tristes, por momentos de infinito amor y de profunda desilusión, pero eso es parte de la vida, las curvas de crecimientos son así, para nada sería sorprendente si todos los momentos fuesen positivos. Puede sonar un poco masoquista, pero los momentos en los cuales peor nos sentimos, nos hacen valorar mucho más su contraparte.

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“Sin duda, tu coraza te protege de la persona que quiere destruirte. Pero si no la dejas caer, te aislará también de la única que puede amarte.” ―Richard Bach

No está mal usar nuestra armadura, todos la tenemos en diferentes modelos, pero lo que no está bien es dejarla de forma permanente, debemos filtrar su uso para no perdernos de las maravillas de la vida, para que nos mostremos como realmente somos y permitamos que nos amen y se acerquen a nosotros sin barreras autoimpuestas.

Por: Sara Espejo

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Sara Espejo

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