La fidelidad implica quedarte con tu helado de chocolate, sabiendo que existen otros sabores

La fidelidad implica quedarte con tu helado de chocolate, sabiendo que existen otros sabores

La fidelidad supone el compromiso voluntario de no abrir oportunidades a personas externas a una relación de dos y se presume que cuando se ama esto no representa sacrificio alguno. Pero la realidad nos muestra que esto no es necesariamente cierto, que existe algo interior en cada persona que genera una frustración, que va de leve a intensa, por el hecho de quedarse con la duda de qué pasaría en caso de abrir alguna otra puerta.

Evidentemente quien decide abrir alguna de esas puertas en medio de una relación, está faltando a un acuerdo de exclusividad tácito o explícito con su pareja. Con esa apertura da entrada a un maremágnum de consecuencias que muchas veces se llevan consigo la pérdida de la relación de pareja, la confianza y el compromiso.

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El tiempo puede cambiarlo todo

No desear probar otros sabores porque consideramos que el que tenemos a disposición es lo suficientemente apetecible y satisfactorio, sería el estado ideal. Pero, ¿durante cuánto tiempo podemos mantener esto? La realidad es que ¡no podemos asegurarlo! Podemos tener la mejor disposición, nos puede encantar nuestro helado de chocolate, inclusive podemos amarlo, pero no podemos asegurar que será el mismo estado en unas semanas, en unos meses, en unos años… Menos durante toda una vida.

Es válido que nos sature un sabor, es válido querer probarlos otros, lo que no es válido es hacerle daño a nuestra pareja o a otras personas por lo que queremos. Es necesario estar claro en lo que se desea y ser honestos. Si existe el compromiso, porque nos nace, no porque nos sentimos obligados, de hacer que la fidelidad hacia quien queremos y nos quiere prevalezca, seamos congruentes y si realmente ya no podemos sostenerlo, hagamos las cosas de la mejor manera, generando el menor daño colateral posible.

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Dejando huellas, pero evitando ocasionar heridas

Vivamos el amor mientras dure, si dura toda la vida, ¡perfecto! pero no prometamos algo que puede escaparse de nuestras manos, al menos entendamos y ajustemos a la realidad y a los sentimientos del presente lo que se pretende proyectar a futuro. No es lo mismo: ”te amaré y estaré contigo toda la vida” a “quiero amarte toda la vida y haré lo posible para que eso ocurra”.

El amor parte de la libertad, pero también parte del respeto hacia quien amamos. Demos lo mejor de nosotros en nuestras relaciones, apostando y trabajando por la eternidad, pero si las cosas no salen como lo planeamos, no vivamos sometidos a una relación por obligación y antes de ser infieles, aprendamos a cerrar ciclos. Dejemos huellas en las personas con quienes estamos, no cicatrices… A fin de cuentas nuestra misión acá no debe ser otra que aprender a amar y ser amados.

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Por: Sara Espejo

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Sara Espejo

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