Definitivamente la crianza de los niños es un tema amplio, es un tema complejo y tan subjetivo como la vida misma. En lo personal quisiera criar al niño de forma tal que llegara a adulto con las mismas cualidades que lo hace niño, razonando de la misma manera, cargados de esa humildad que los caracteriza, que los hace aprender más y sentir más.

Pienso que el ser niños es el estado más cercano a esa condición perfecta en la cual realmente somos capaces de vivir, somos capaces de estar en nuestro presente sin lamentarnos de nuestro pasado o angustiarnos por nuestro mañana. Pienso que es la condición más importante que perdemos y luego bajo alguna necesidad de reconexión, buscamos desesperadamente.

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Qué nos hace cambiar esa capacidad de ser felices con poco, de apreciar cada momento, de reír sin motivos, para meternos en una rueda de hamsters que nos dice para qué somos buenos, qué debemos estudiar, dónde debemos trabajar y hasta qué debemos hacer con nuestros cuerpos al morir?

Pues mucha de esa distorsión es justamente la crianza, la educación, que con las mejores intenciones de hacernos individuos de bien, nos hacen individuos sin identidades, nos fabrican en bloques, en escuelas para pensamientos globales, donde pensar de forma diferente te convierte en rebelde y donde no hay muchas opciones en cuánto a las libertades que se le pueden dar a un niño. Que deberá desenvolverse en una sociedad preestablecida, con una serie de demandas básicas que se deben cubrir, entendiendo los procesos, pero sin mucho pensar, sin mucho inspirarse, sin mucho cambiar.

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Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea. ― Paulo Coelho

Ahora bien, los niños de esta época están, si se quiere más expuestos a que se le corten sus alas, a que se les considere genios por manejar una Tablet con mucha familiaridad a los 2 o 3 años, están más expuestos a la falta de atención y de amor que caracteriza a los tiempos corrientes. No hay tiempo de que jueguen al aire libre, a menos que sea durante alguna de sus actividades extraescolares. No hay tiempo de contarles un cuento a menos que sea una aplicación del móvil, que solo requiera darle un roce a la pantalla, no hay tiempo para escuchar sus sueños, para hacerles volar su imaginación.

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No conformes con no dedicarles suficiente tiempo, para compensar los cargamos de juguetes, de tecnología, de actividades, de velocidad… de todo lo que los mantenga ocupados y nos haga sentir que en definitiva lo hacemos bien como padres… Y resulta que no nos bastó con someter a nuestro pequeño niño interior al más completo abandono, que hacemos algo similar con nuestros hijos, esperando que ocupando sus tiempos, sus espacios, con lo que pensamos que es conveniente para ellos, estamos garantizando que no tendrán carencias.

Cuando lo más importante que podemos hacer por ellos es dedicarles nuestro tiempo, es escucharlos, es entenderlos, es jugar con ellos, es amarlos y respetarlos en cada una de sus etapas. En donde debemos acompañarlos de la forma más solidaria, sin apresurarlos a crecer, sino por el contrario, procurando que cada día sea una excelente historia en sus vidas, adecuada para su edad, para su desarrollo y para reforzar todo lo que realmente es importante, que son sus ilusiones, sus necesidades cubiertas de amor y atención, su inocencia y en definitiva su condición cercana a la inteligencia divina que todo lo crea.

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Un gran hombre es aquel que no ha perdido su corazón de niño. ― Mencio

Por: Sara Espejo

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