Sería perfecto siempre salir ilesos ante el dolor, estar protegidos de todo aquello que tenga el potencial de lastimarnos y poder identificar a tiempo cuándo las dinámicas están siendo perjudiciales para nosotros… Pues cuando aprendemos a amarnos, a querernos y a respetarnos realmente, más allá del ego, del qué dirán y de  los miedos e inseguridades, todo lo que mencionamos pasa de ser de utópico a tangible.

El amarnos a nosotros mismos nos coloca en total sintonía con lo más especial de la vida y principalmente con nuestra verdadera esencia, la cual es tan poderosa cuando le damos espacio en nuestras vidas que no le basta con advertirnos de las situaciones de peligro a través de su sublime lenguaje de la intuición, sino que se encarga de manifestar en nuestras vidas lo que estamos claros que nos merecemos.

El merecimiento puede ser el punto de quiebre de la mayoría, como que no nos terminamos de creer que las cosas más maravillosas, lo que más anhelamos, efectivamente nos puedan ocurrir, y es allí donde la duda nos limita, nos hace irnos por lo seguro, nos hace temer que los resultados no sean los esperados o que no tengamos lo necesario para efectivamente alcanzar aquello que nos gustaría.

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Cuando entendemos que somos creadores y que queramos o no, sepamos o no, estamos creando continuamente nuestra vida, quizás esto nos hace ser más cuidadoso con lo que pensamos, con lo que sentimos, con lo que vibramos. Sin tener mucha lógica la mayoría de nosotros muestra gran facilidad para quedarse anclado en lo que no queremos, en lo que nos preocupa, en lo que nos hace daño, en lo que no perdonamos y nuestro cuerpo reacciona a ello en forma de emociones… negativas… y con ellas nuestro campo de atracción está listo para darnos más de lo mismo.

Luego, resulta sencillo pensar que si hacemos lo contrario y tratamos de mantener el mayor tiempo posible una actitud positiva ante la vida, cosas que nos permitirán seguir sintiéndonos así nos ocurrirán… Tratemos entonces de aplicarlo…

Poco a poco, vayamos dándonos cuenta de lo que estamos pensando y si es negativo, encontremos un pensamiento positivo que lo reemplace. No podemos pensar en dos cosas en simultáneo, pero los pensamientos tienen la facultad de tornarse repetitivos, vienen y otra vez quieren anidar, pero si los ignoramos y no nos enganchamos a ellos, se van haciendo cada vez más débiles y con menos capacidad de regresar, hasta que ¡se desvanecen!

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El amarnos implica pensar positivo de nosotros mismos, darnos ánimo, tratarnos con paciencia, mantener nuestra mente en calma y algo especialmente importante, implica el no darle estadía en nuestra vida a nada que nos robe la paz, que nos lastime, que nos desvalore, porque ya nosotros tenemos un piso de afecto, de cuidado y de atención, de allí para abajo, pues no existe.

Así que en el amor propio comienza la mejor aventura de nuestras vidas, donde realmente se nos hace sencillo descubrir para qué estamos aquí y de seguro no es para lamentarnos o padecer la vida, sino para disfrutar, ser felices y aprovechar cada instante al máximo. Decide cuando quieres empezar y yo te diría que lo hicieras algo así como: ¡YA!

La vida no espera mientras nosotros reaccionamos, nos enamoramos de nosotros o de ella… Ella va transcurriendo, la vivamos o no.

Imágenes cortesía de: Karol Bak

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet