El amor cuando es verdadero, no muere, pero sí puede transformarse, y dependerá siempre de cómo canalicemos los sentimientos y la energía. Cuando nos enfocamos en relaciones amorosas, podemos notar cómo cuando llegan a un final, generalmente es porque el compromiso ha muerto antes de que el amor llegase a transformarse.

Hacia donde dirijamos nuestras energías, hacia ese sitio irán nuestros sentimientos. Evidentemente si estamos en una relación amorosa, y decidimos pensar en una tercera persona, ocupar nuestra mente, idealizar, visualizar, invertir tiempo y recursos en alguien más, lo lógico es que nuestra pareja resulte desplazada y lo que sentíamos por ella, cambie.

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Lo que se ha roto es el compromiso, no se trata de algo forzado, sino ese que nace del corazón, el deseo, la voluntad de ocupar nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón con alguien en particular.

Cuando nos sentimos comprometidos (no obligados), con una relación, con una persona, todo fluye de manera natural, todo funciona en congruencia entre los pensamientos, las palabras, las acciones, todo suma al fortalecimiento de una relación, todo agrega valor.

Inclusive al momento de afrontar un conflicto, es el compromiso que se tiene, el que nos hace aprender a dominar los impulsos, a pensar en un mañana, a hablar desde la construcción y evitar de esta manera palabras hirientes, acciones que no tengan vuelta a atrás o generar brechas entre ambas personas que no puedan nunca más rellenarse.

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Hacer las cosas desde el amor, es lo único que nos permite crecer sin heridas, que nos permite solventar los problemas, sin arrasar al paso, que nos permite apostar por un futuro juntos y entender que cada quien está haciendo lo mejor que esté a su alcance, considerando una serie de factores que influyen en lo que define a cada quien, para que las cosas tengan los mejores resultados.

Entendamos que todos somos personas muy distintas, con metas, crianzas, creencias, influencias, etc, diferentes y el acoplarse a otra persona es todo un reto, cargado de momentos muy demandantes a nivel emocional, donde el crecimiento será inevitable y cada uno tendrá que llevar consigo la mayor disposición para que sea viable un engranaje que funcione y una proyección a futuro.

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Mantener un compromiso a pesar de tener una alto contenido emocional, puede corresponder a un proceso racional, lo cual permite tener un control un tanto mayor de lo que hacemos, buscando objetivamente lo mejor para nosotros… En paralelo debemos mantenernos siempre atentos a esa voz interior que nos hablará cuando lo necesitemos, especialmente en esos momentos en los cuales la duda se apodera de nosotros.

No le temamos al compromiso, él no corresponde a una cadena o a una cárcel, es un proceso voluntario, que comienza por preferir un estado, y desde allí las cosas más especiales suceden.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet