Se dice que una de las cosas más crueles que alguien puede hacer por otra persona es abrirle las puertas afectivas, sin ningún tipo de intención de corresponderle.

En cuanto a las relaciones amorosas reales o potenciales, es donde la falta de reciprocidad puede afectar en mayor grado, en especial a la persona que está entregando de sí algo importante, que está tratando de dar su mejor impresión y se está cargando de ilusiones y expectativas.

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Ciertamente nos podemos enamorar en el camino, pero si de entrada, nuestra resolución es que no consideraremos a una persona para entablar una relación o para corresponderle lo que nos ofrece, lo mínimo que podemos hacer es darle a entender nuestras intenciones, bien sea a través de un mensaje directo o con una actitud clara que no despierte en el otro falsas expectativas.

Nadie tiene el derecho de jugar con los sentimientos de alguien más, sí, es muy agradable que a uno lo quieran, lo aprecien, lo consientan, pero no debemos permitirlo, si no podemos corresponder a esas muestras de afecto y atención.

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En el caso de los enamorados solos, se dan muchos casos en donde quedan utilizados por las personas a quienes aman, ellas a consciencia de que no apostarán nunca por una relación con esa persona que evidencia interés, afecto y en el más complicado escenario, amor, se benefician de las acciones y la disponibilidad del otro, solo pensando en el carácter utilitario de la relación.

Muchas de estas relaciones llevan el slogan: “Pero es que yo lo quiero como amigo”, y esto a pesar de ser totalmente válido, no debe ser utilizado para sacarle provecho a quien no nos quiere en su vida de la misma manera. En algunos casos debemos inclusive distanciarnos para evitar lastimar a esa persona con la que no deseamos una relación amorosa, aun y cuando la queramos cerca como amiga, siendo la distancia el mejor antídoto contra las falsas expectativas, las ilusiones y las esperanzas de que una relación pase a otro estatus.

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Tratemos a los demás como nos gustaría que nos tratasen, respetemos a los otros como pretendemos ser respetados. Evidentemente cada quien se enamora de quien quiere, se fija en quien le llama la atención, pero está en cada uno el alimentar o limitar las expectativas de alguien, siendo coherentes con lo que estamos dispuestos a ofrecer.

Mientras más éticos, respetuosos y cuidadosos seamos con los demás, mayores probabilidades tendremos de que nos traten de la misma manera.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú