Muchas veces nos dedicamos a pedirle al universo señales claras de cuál camino debemos tomar, o que nos ayude a aclarar cuándo sería el mejor momento de actuar ante una determinada situación… Aunque esto representa delegar de alguna manera nuestro poder de decisión, sin embargo, soy creyente de que el universo de manera especial, siempre da respuesta a nuestras interrogantes.

Pero no solo basta con recibir una señal, es notarla e interpretarla de manera conveniente, es allí donde surge la duda, ¿será ésta una señal? Por lo general la respuesta es sí, porque normalmente tu intuición te está llamando la atención sobre un factor que quizás, en otras circunstancias, pasarías desapercibido.

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La verdad es que las señales las vemos cuando estamos preparados y esto es algo así como un pacto del universo con nuestro yo superior, en donde ambos saben que seremos capaces de racionalizar esas entradas y que actuaremos en consecuencia.

Limitemos el rol de la mente y dejemos que el corazón tome un tanto el control, la mente por lo general nos llena de dudas, nos hace enfocarnos en los miedos, nos nubla las alternativas y nos hace ciegos ante las señales. Cuando damos paso al corazón de intervenir, éste es capaz de tomarnos de la mano e ir recolectando junto a nosotros, todas las señales que sintamos necesarias para elegir el camino que esté alineado a lo que queremos y buscamos.

Date la oportunidad de escucharte, de atender tus deseos, de entender tu propósito. No le dediques la mayor parte de tu vida a atender los deseos de los demás, no dejes de perseguir tus sueños, por mirar o apoyar a otros a conseguir los suyos. Tu vida es solo tuya, al final nadie será feliz por ti, ni aprenderá por ti, ni sanará por ti… Por más satisfacciones que podamos encontrar en nuestros afectos, nuestra prioridad, aunque suene egoísta, debemos ser nosotros mismos.

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Cuando nos damos permiso de ir por lo que queremos, todo resulta más sencillo, todo parece conspirar para que obtengamos más y más de lo que queremos, de lo que nos gusta, de lo que nos hace felices… Y es en este punto donde vemos con claridad las señales que nos da la vida, ya no dudamos, porque en el fondo ya sabemos qué camino tomar y las señales solo refuerzan lo que presentimos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet