Muchas veces caemos en unas dinámicas muy nocivas para nosotros en nuestras relaciones interpersonales, especialmente en las de pareja, en donde manifestamos que alguna conducta o acción del otro nos está lastimando y la otra persona no cesa de hacerlo.

Luego, ¿de quién es la responsabilidad de salir herido una y otra vez?

Pues aquí habrá siempre dos posiciones, la de quien afirma que la responsabilidad es de quien daña y la de quien sostiene que la responsabilidad es de quien resulta lastimado.

En lo personal, tiendo a irme por lo segundo. Hay mensajes claros, aunque nos resulte doloroso recibirlos. Cuando una persona mantiene una actitud que nos lastima, decide deliberadamente tomar una opción que nos hace vulnerables ante su conducta, que no le importa el efecto que pueda generar en nosotros, sabe que nos hace daño y lo sigue haciendo… Pues esta persona evidentemente tiene un problema, pero que no debe pertenecernos.

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El hecho de que lo hagamos nuestro y nos sometamos a la conducta hiriente del otro, nos hace adoptar un rol de víctima, en el cual cedemos el control de la situación. La primera vez que salimos lastimados por alguien es su responsabilidad, pero a partir de allí, es nuestra, nosotros decidimos confiar, dar otra oportunidad, continuar, etc… Y si sigue ocurriendo lo mismo una y otra vez, ¿realmente puedes esperar un cambio positivo para ti por parte de la otra persona?

Ciertamente hay quienes el miedo a la pérdida, les hace cambiar o al menos simular el cambio, en el caso de la segunda opción, no es algo que se sostenga en el tiempo y más temprano que tarde, terminan ejecutando las mismas acciones que prometieron dejar de lado.

No es de mi agrado generalizar, hay personas que de una vez toman para sí un aprendizaje y explotan para bien una segunda oportunidad, mostrando una mejor versión de ellos, ante su pareja y ante ellos mismos.

Sin embargo, hay que resaltar, en un color bien chillón, que cuando permitimos, dejamos pasar, perdonamos, aceptamos, conductas que nos lastiman, le estamos enseñando al otro nuestros límites y cómo nos pueden tratar y de aquí nacen los abusos.

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Es lamentable, a veces amamos mucho a alguien, incluso a pesar de las heridas que nos genera, pero es un acto de supervivencia el reconocer cuándo ya estuvimos suficiente tiempo, que esa persona no va a ofrecernos lo que queremos y es necesario tomar medidas más radicales.

Ciertamente hay un tema personal que debemos revisar y procurar no volver a atraer ese tipo de situaciones o personas a nuestras vidas, pero es crucial tomar el valor necesario para reconocer que no vale la pena volver a exponer lo mismo una y otra vez, ni derramar lágrimas generadas por lo mismo una y otra vez…

Si no te gusta como te quieren, vete… Si no te vas a ir, deja de sufrir, cambia tu actitud, amplía los límites de tolerancia, pero deja de amargarte y de sufrir… Comienza a amarte un poquito más cada día y más pronto que tarde, te darás cuenta de que eso ya no encaja en tu vida y allí esa persona dejará de lastimarte o la alejarás por completo de tu vida.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet